Bicicleta con seguro de cambio: ahorristas arman plazos fijos en pesos y logran buenas ganancias en dólares

Desde hace ya mucho tiempo para los argentinos rige la premisa de que «se vive en pesos pero se ahorra en dólares«. 
Esta afirmación cobró mayor protagonismo a mediados de los ´70 como consecuencia del recordado Rodrigazo, que generó una fenomenal transferencia de ingresos entre acreedores y deudores en moneda nacional.
Desde ese entonces, se intensificó el impulso dolarizador en buena parte de la sociedad. En algunos lapsos de tiempo, con menor intensidad que en otros, tal como sucedió durante un largo período de los ´90.
Al día de hoy, con cepo cambiario -pudiendo adquirir sólo un puñado de billetes verdes autorizados por la AFIP-, con brecha entre blue y oficial, con una demanda de empresas quesupera la oferta y en la previa al recambio presidencial, esa premisa de «vivir en pesos y ahorrar en verdes» recobra particular relevancia.
Claro que las opciones no se limitan a hacerse de divisas estadounidenses para guardarlas bajo el colchón, depositarlas en el exterior o en un banco local.
Bicicleta con seguro de cambio
Hay momentos en los que se combinan algunos factores que inducen a gran cantidad de inversores a pedalear la «bicicleta financiera».
La misma consiste en desprenderse de esos billetes verdes a cambio de pesos, colocarlos en un plazo fijo para cobrar un interés y luego, al vencimiento, recomprar más divisas.
Entre esos requisitos que facilitan esa operatoria, hay dos que son clave.
Uno es que el Gobierno brinde la garantía de un «seguro de cambio».
Es decir, que no avanzará en una brusca devaluación. Este año, por ser electoral y en un claro intento por entregar el mandato con una inflación más baja, la administración K está ofreciendo ese resguardo.
En segundo término, que el «premio» por un plazo fijo supere a la suba del dólar. En otras palabras, que la tipos de interés se ubiquen por encima de la tasa devaluatoria.
El titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, ya dio muestras de querer avanzar en ese sentido: «La suba del dólar no será superior a la tasa de los depósitos, porque si no se generan incentivos a la dolarización».
Y agregó que el plan oficial consiste en «ir ajustando muy gradualmente, en una flotación actualizada, el tipo de cambio, para que la economía vaya manteniendo la competitividad, pero sin saltos bruscos«.
Trilogía dólar, peso, dólar
Para que la «bicicleta dólar-peso-dólar» continúe funcionando a buen ritmo se requiere -además de que el billete verde oficial corra por debajo del premio que se paga por las colocaciones bancarias- que la brecha cambiaria no se dispare.
En este sentido, el ex viceministro Jorge Todesca, afirma que «no se visualiza una devaluación brusca ni corridas bancarias, sino el avance en una política cambiaria tranquila de devaluación gradual».
«El Gobierno va a intentar llegar al fin de su mandato con la mayor estabilidad cambiaria posible, porque la experiencia devaluatoria del año pasado, sin un plan de contención,derivó en mayor inflación y en grandes turbulencias en la economía», agrega.
Es en este contexto en el que muchos inversores están encontrando terreno fértil para hacerse de buenas ganancias saliendo del dólar, yendo «un tiempito» al peso para luego retornar a su «amigo fiel».
En cifras comparativas:
Quienes a fines a septiembre, en la previa a la llegada de Vanoli, renovaron un plazo fijo lo hicieron a una tasa mensual que apenas rondaba el 2%. Así, se resignaban a perder frente a la inflación al tiempo que veían cómo el blue trepaba hasta los $15,80.
Pero, a partir de octubre, tras el cambio de mando en el Banco Central, el dólar marginal comenzó a caer hasta llegar a los $13 actuales.
Haciendo números:
• Un plazo fijo de $10.000 vigente al 30 de septiembre del año pasado, ha generado para febrero una ganancia (con la capitalización de los intereses), levemente superior al 10%.
• En igual lapso, el blue perdió un 17%, al pasar de $15,80 a cerca de $13.
• La combinación de ambos efectos dio lugar a que todos aquellos que se volcaron al plazo fijo obtuvieran una rentabilidad del 30% en dólares, una ganancia impensable en cualquier lugar del mundo para ese corto lapso (ver cuadro).
Claro que esto es parte del diario del lunes y el interrogante pasa por lo que pueda suceder en los próximos meses.
En tal sentido, el mercado cree que el Gobierno buscará retrasar al dólar y que sólo hará pequeñas correcciones, de modo tal de que oficie de ancla inflacionaria.
En la práctica, esto se está viendo reflejado en una suba muy acotada -de apenas 4% desde octubre pasado-, con meses en los que la devaluación fue prácticamente nula.
En el gremio de los economistas, el consenso es el de un dólar cercano a los $10 para fin de año, entre ellos José Luis Espert ($9,60) o Miguel Bein ($9,90).
De confirmarse esta proyección, el billete verde en 2015 «se estaría incrementando un 16% o 17%«.
Tomando estas cotizaciones, el tipo de cambio oficial se ajustaría entre fines de febrero y diciembre un 14%, mientras que el rendimiento de un plazo fijo rondaría el 22%.
Así las cosas, el poder de compra en dólares se acrecienta un 7%, que se extiende al 18% si se toma el año en su totalidad.
Para el ejemplo anterior, aquel plazo fijo que en febrero acumulaba poco más de $11.000 llegará a casi $13.500 a fines de diciembre, con un blue pivoteando en los $14,90.
Este incremento se traduce en un plus o en una ganancia adicional de casi 7% medida en billetes verdes (ver cuadro).
La brecha, la clave
Con estos porcentajes a la vista, queda por ver qué puede pasar con la brecha cambiaria(blue vs. oficial) o, dicho de otro modo, cuánto puede estirarse de modo tal que quienes estén posicionados en pesos «salven la plata».
Ese «punto de equilibrio» se ubica en un 60%. A partir de esa cifra el poder de compra de dólares del plazo fijo comienza a ser menor que en febrero (ver cuadro).
En cuanto a la evolución de la brecha, las opiniones de los analistas son divergentes.
Agustín D’Attellis, de la Gran Makro, sostiene que aun «hay margen para que baje un poco más, siendo un 40% un valor lógico».
Miguel Bein señala que el blue se viene manteniendo «porque los inversores esperan que descienda en los próximos meses, tras un reacomodamiento del tipo de cambio oficial».
Desde la consultora de Carlos Melconian afirman que «en la medida en que se generen expectativas de que un próximo gobierno unificará el mercado cambiario, esto podría servir como contenedor del valor del dólar paralelo».
Luciano Cohan, de Elypsis, coincide con sus colegas: «Creemos que el blue se va a mantener estable y que la brecha irá bajando«.
Su opinión también es compartida por Miguel Kiguel, director de Econviews: «La calma actualse debe, en gran medida, a que el mercado anticipa una unificación del dólar para el primer año del próximo Gobierno».
«Si no hay sorpresas, el precio no debería ser muy diferente del nivel en el que está hoy el blue», pronostica.
Milagros Gismondi, de Empiria Consultores, afirma que «la menor distancia blue-oficialtambién es resultado de los controles en el microcentro y de una demanda que viene siendo en parte cubierta con la venta de dólares ahorro del Gobierno».
«La brecha actual cercana al 50% está muy lejos de aquel máximo del 90% alcanzado en septiembre de 2014», afirman desde el Banco Ciudad.
«El comportamiento de este mercado parece estar influido por la demanda de dólar ahorroque, en febrero, continuó mostrando ventas por encima de las de meses anteriores», agregan.
Factores de riesgo
Si bien las condiciones están dadas para que no surjan demasiadas sorpresas en cuanto a la evolución del dólar oficial, hay factores externos que pueden complicar a la administración K y romper con calma que quiere para este año.
Uno de ellos es la evolución del real, que viene depreciándose con fuerza desde mediados del año pasado, acumulando una caída de casi 10% frente al dólar en lo que va del año (ver gráfico). 
En el plano local, esa tranquilidad puede verse afectada por la alta emisión de pesos que viene realizando el Banco Central para cubrir el déficit de las cuentas públicas, que crece a unritmo del 30% anual y que solo es amortiguada por colocaciones de títulos Lebac, que vende a los bancos a cambio de que estos le entreguen pesos (absorción).
Ese stock de Lebac en circulación ya asciende casi a $300.000 millones, equivalente a u$s34.000 millones (más que las reservas que el BCRA dice tener).
El siguiente cuadro muestra cómo esa cantidad aumentó casi 500% desde 2008 a la fecha:
El dato cobra relevancia porque esta gran cantidad de «pagarés» es deuda lisa y llana. Por cierto, muy cara para el Banco Central, ya que debe abonar una alta tasa de interés.
Finalmente, cobra especial relevancia la incertidumbre propia de un año electoral queinduce a los particulares a incrementar la compra de dólares.
«En el actual contexto, con control de cambios y entrega limitada por parte de la AFIP, la demanda puede filtrarse por algún otro renglón del mercado oficial o rebotar en el mercado paralelo. Y esto no es un riesgo que deba descartarse», concluyen desde la consultora de Carlos Melconian.
Fuente: Iprofesional
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