Uncategorized

El plan verano y la “indiferencia” ante la depreciación brasileña

Días atrás, y aludiendo al fuerte proceso de devaluación del real brasileño, el ministro de Economía Axel Kicillof señaló que no se seguiría a ese país en dicho proceso. O sea, no había que esperar que la Argentina, ante la citada dinámica cambiaria del socio principal del Mercosur, decidiera una particular aceleración de la tasa de devaluación del peso como resorte de tenor compensatorio. Habría, en el punto, algo así como una actitud de “indiferencia”. Más allá de que el jefe de Gabinete mencionara que se observaba el desarrollo de la situación brasileña.
Sin duda incomoda lo que ocurre con el real, porque apremia a nuestra competitividad cambiaria bilateral. De todos modos, el intercambio comercial con el vecino viene arrastrando un desgaste severo en el que infl uyen tanto aspectos internos de las respectivas economías –que datan de tiempo atrás-, como acusados manejos intervencionistas en materia de fl ujos comerciales. Por un lado, esta especie de maraña tiende a moderar el impacto pleno del curso cambiario en cuestión. Por otra parte, como es natural, sube la exposición en lo referido a nuestras exportaciones remanentes a Brasil (en especial, las industriales) y se sitúan mejor las provenientes de nuestro socio (asimismo, habría alguna ventaja en términos de algunos insumos que importamos). De todas formas, recuérdese que al desempeño comercial hay que “promediarlo” con los ciclos económicos domésticos de ambas naciones.
En un plano más amplio, es como si nuestro país se estuviera quedando un tanto solitario en el seno de un proceso bastante extendido de depreciaciones cambiarias (frente al dólar) de alcance real, conectado con la modifi cación del sesgo de la política monetaria norteamericana (concurriendo con otros factores). En el frente apuntado véase que otras monedas del orbe latinoamericano también se deprecian, sin olvidar, además, el caso del euro, la moneda del tercer destino de nuestras exportaciones.
El panorama se completa con el debilitamiento de los precios de los commodities en general –otra vez el giro del ciclo mundial–, incluidos aquellos más afi nes a nuestra operatoria. En rigor, desde hace un tiempo las exportaciones argentinas están declinando visiblemente, asociándose en el asunto las limitaciones de distinto tenor que salpican el andar de la economía mundial, como la ruda sobrevaluación cambiaria real del peso, la que funge en la coyuntura como un palpable resorte procíclico.
“Indiferencia cambiaria”
Es evidente que la fl oja performance exportadora no juega, precisamente, como un elemento favorable en medio de la restricción externa que, básicamente, arraiga en el país. Si se añade el descenso del precio de “nuestros” commodities, y aun con el desahogo que trae aparejado el menor precio del petróleo, hay fundados temores de un achicamiento del superávit comercial externo en 2015.
Por cierto, en la evolución del superávit también gravita el ritmo de actividad que se alcance en el año. En principio, éste persiste bajo, pero desde el último trimestre de 2014 da la sensación de que la situación puede estar encontrando piso, alentando cierta esperanza de que asome algún repunte, aunque sea modesto. El tema no deja de ser controversial. Probablemente, el Gobierno confía al respecto en arrimar fi chas adicionales –por ejemplo, para alentar el consumo– a través de las paritarias en ciernes.
Volviendo a las expresiones de Kicillof arriba aludidas, ellas lucen plenamente consistentes con la lógica del Plan Verano, al que hemos enfocado desde hace meses. Más aun, en una nota reciente en BAE (23/2) marcábamos que esa lógica exige un estricto rango de requisitos.
Precisamente, si existe un recaudo clave dentro de ese rango, ese es el vinculado con el riguroso uso del tipo de cambio nominal como ancla relativa de infl ación; más aún, en la desaceleración de la infl ación que, en general, viene ocurriendo, dicho ancla aporta esencialmente. Computando la fi sonomía de otros elementos del Plan Verano, como la política salarial, la fi scal y la monetaria, se redobla la necesidad de que ese ancla se aplique sin titubeos.
Comparando este lapso de 2015 con el fi nal de 2014 la tasa de ajuste del cambio mayorista ofi cial se aceleró algo, quizás en estos días de marzo atisbe un toque adicional. Pero, ¡atención!, no cabe “pasarse de la raya” en el tema si se insiste con la matriz del Plan Verano. Corolario: si lo recién expuesto vale, la política cambiaria debe, en lo fundamental, mantenerse indiferente ante los procesos depreciativos circundantes.
Es obvio que el tema puede no ser inocuo, por ejemplo, para la perspectiva de las reservas internacionales. El hecho (en el seno de un tramo estacional más complicado) es que el Banco Central viene vendiendo reservas con cierta sistematicidad. Lo que se potencia tanto más se abra el grifo de divisas para bancos e importadores mientras se atiende elásticamente a la demanda de dólares ahorro (lo que ayuda a encauzar el blue). En verdad, tratando de defender un piso de reservas de u$s30/31.000 millones, son los resortes –de variado pelaje– de toma de deuda externa los que ofi cian como bastoneros relevantes de esa defensa.
Es verdad que entrando en otra fase estacional –más positiva– de liquidación de divisas (aunque aceptando las mermas de valor involucradas por menores precios y suponiendo que no arrecie la retención de producto por juego de expectativas), el panorama luciría más distendido. Pero, indudablemente hay que ir completando el horizonte de divisas para 2015 (aun con la facilidad que implica la concentración de vencimientos en la parte fi nal del año). No extraña, entonces que, vuelta a vuelta, las autoridades salgan a la palestra asegurando la “accesibilidad” de la que se gozaría para emitir deuda en el mercado de capitales externo, incluso a tasas inferiores a los dos dígitos.
Naturalmente, cuando los dólares, en sustancia, escasean, y dados los interrogantes en danza acerca del programa de divisas para el año, la fuerte depreciación del real brasileño (hay, como se dijo, otras experiencias devaluatorias) es un estorbo signifi cativo. Tanto más computando la aguda sobrevaluación real del peso de la que se parte. Pero el principio es que tanto más se busque respetar la lógica del Plan Verano, tanto más debe tallar el criterio de indiferencia cambiaria. Cabría decir, por ende, que se plantea un dilema o una disyunción. Es verdad, pero en sí ese principio es irrefutable.
Fuente: DiarioBae
compartir