El retorno de La Salamandra y el maldito cepo

Muchos inversores están a la espera del recambio electoral para hacer sus apuestas. Otros la diseñan a pesar de esa incertidumbre. Todos quieren libertad para mover divisas

Los amantes del dulce de leche premium pueden tomar nota: La Salamandra, que suspendió su producción hace pocos meses pero sin desmantelar su estructura, evalúa retomar la actividad en cualquier momento. Es sólo uno de los varios proyectos productivos en ciernes. Pero de los pocos que no sujeta su suerte exclusivamente al resultado electoral y al levantamiento del cepo.

Estas dos condiciones –en rigor ligadas entre sí– forman parte del menú de exigencias que muchos capitalistas enuncian a la hora de resolver una inversión genuina. Aún firmas de sectores que muestran gran prosperidad con la gestión kirchnerista prefieren abstenerse de hacer apuestas a la espera del recambio en la Casa Rosada, otorgándole a ese hecho un valor en sí mismo, más allá del dictamen de las urnas.

Para Cristóbal López, dueño de la marca de dulces y quesos que hace más de veinte años había comenzado a producir el economista Javier González Fraga, la cuestión es hacer viable un negocio que a su juicio no lo era por ciertas cuestiones intrínsecas, más que por la incertidumbre política o por las dificultades que enfrenta el comercio exterior (el grueso de la producción de La Salamandra se exporta).

Suspendió la producción en noviembre pero no liquidó la firma que reactivará bajo un modo operativo diferente, posiblemente en el corto plazo.

Finalmente, tiene la marca y sostiene al personal. La cuestión es que el dueño del Grupo Indalo encuentre una manera de bajar costos sin deshonrar la calidad, algo que podría ocurrir etiquetando un producto elaborado por otro, que puede o no asumir la forma de un socio estratégico.

Pero hay otras tantas inversiones de fuste que están en stand by a la espera de ver qué cambia en la conducción económica o, al menos, buscando saber qué reglas se mantienen de la actual. La nómina de potenciales inversores a la expectativa no es corta y constituye una promesa alentadora para un próximo gobierno.

Claro que cada uno mira con particular atención algún factor específico de su rubro, que no siempre depende sólo de la gestión interna (precio del petróleo y de la soja; demanda de Brasil, relación entre el peso y el real, etcétera). Pero a todos importa, y mucho, el destino del tipo de cambio y la posibilidad de disponer libremente de los dólares, para importar sin demoras o para exportar sin tener que liquidar en los plazos perentorios de la resolución 142.

Más importante aún: cualquiera sea la moneda de origen de la inversión, todos reclaman libertad para girar utilidades a su matriz o, simplemente, a una cuenta en el exterior, donde los fondos siempre se suponen preservados de los avatares de la política local.
Pero el que pone dólares, difícilmente se atreva sin la garantía que puede llevárselos cuando lo juzgue necesario y conveniente. En otras palabras: existe en afán común de que se erradique el maldito cepo.

Ése que el precandidato presidencial Mauricio Macri prometió levantar de inmediato si ganara las elecciones. El jefe de Gobierno porteño sabe que la promesa es tan seductora como duras las consecuencia de cumplirlas, cuidadosamente omitidas en su declaración: devaluación importante y ajuste ídem.

Hasta economistas alineados con PRO, como Carlos Melconian, relativizaron las posibilidades de eliminar de un plumazo las restricciones cambiarias. Eso no significa que haya simpatizantes de una medida desesperada y coyuntural, que se tomó para frenar el drenaje de los dólares que están escaseando y podrían acentuar su falta a la luz de lo que está pasando en el comercio exterior: la caída del precio de la soja podría privar este año de unos 5.000 millones de dólares a la caja pública, poniendo en riesgo el menguante superávit comercial, de poco más de 6.600 millones.

El cepo tiene por su excepcionalidad y origen provisorio algún punto de contacto con lo que fue el corralito, que también surgió como una medida drástica y coyuntural para frenar una corrida bancaria. Y, aunque gane adeptos en una coyuntura, nadie lo quiere para siempre.

Una pauta la da el joven economista Agustín D’Attellis, profesional de la Gran Makro y asesor del oficialista diputado Julián Domínguez, eventual precandidato presidencial del Frente para la Victoria.

El también creador del bosquejo de un proyecto del ley para una erradicación gradual del cepo bajo un singular régimen de premio y castigo que seguramente los amantes de la libertad económica fustigarán.

La futura norma permitiría a los inversores girar una parte de sus utilidades en dólares, pero a condición de que reinviertan otra porción en el país. Interesante ensayo de un toma y daca.

El dilema de China sí, China no

El embajador chino Yang Wanming insistió el viernes en postular a su país como “aliado estratégico” de Argentina e inversor comprometido: los próximos desembolsos fuertes irán para la minería, sin excluira los ferrocarriles y a la eventual ampliación del swap. El diplomático hasta promete ayudar a que el país achique su déficit comercial. Finalmente, su mercado es el 13% del PBI mundial y crece al 7% anual. Eso sí, a la mitad de lo que lo hizo hasta ahora. Una de las razones por las que Elisa Carrió denosta a China como socio y postula en su lugar a la India, dinámica y con “dos cabezas: la oriental y la occidental”.

Fuente: DiarioBae

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