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Primero China, ahora Rusia: por qué Cristina va en busca del “amigo” Putin y qué puede venderle la Argentina

Toda una declaración de principios: desde que retornara la democracia, Cristina Kirchner está por convertirse en la primera jefa de Estado en concluir su mandato sin haber pisado la Casa Blanca.

En cambio, en lo que será uno de sus últimos viajes internacionales antes de que finalice su ciclo, la Presidenta eligió como destino a uno de sus más recientes aliados: Rusia.

El año pasado, la relación entre la administración kirchnerista y Moscú se había transformado en estratégica, de la mano de guiños políticos, encuentros de alto nivel y hasta giras de negocios.

La coronación de las “relaciones carnales” entre la Argentina y Rusia llegaría a mediados de 2014, cuando el presidente Vladimir Putin pisó territorio nacional para firmar todo tipo de acuerdos, pero con un acento preciso en el aspecto energético.

Sin embargo, luego de las fotos de rigor, de los discursos de ambos jefes de Estado resaltando los efectos positivos de la relación bilateral y de lanzar dardos en contra de los “rivales” en común (como la Unión Europea o los EE.UU.), el idilio entre ambas naciones se enfrió.

Y todo ese potencial de inversiones, así como el posible incremento del intercambio comercial que prometía esta alianza, pareció quedar desactivado.

Lo que sucedió fue que Rusia ingresó en su peor crisis de los últimos quince años, de la mano del desplome del precio del crudo, materia prima que explica la mitad de los ingresos de la administración de Putin y que llegó a tocar su menor valor en casi seis años.

El mandatario también debió soportar una corrida contra el rublo, moneda que se derrumbó frente al dólar, lo que determinó una fuerte caída de las importaciones rusas en el último tramo del 2014.

Ahora que el presidente Putin afirma que lo peor de la crisis “ya quedó atrás”, Cristina vuelve a insistir con la idea de profundizar la alianza estratégica.

De hecho, la comitiva que se subió al Tango 01 -inédita para un viaje internacional- demuestra el peso que la administración K le está otorgando a Moscú.

En concreto, acompañan a la mandataria el canciller Héctor Timerman, los ministros Axel Kicillof, Julio de Vido, Débora Giorgi, Agustín Rossi, Carlos Casamiquela, Teresa Parodi y Enrique Meyer, y hasta el secretario de Seguridad, Sergio Berni.

Según comunicó la Cancillería, la presencia de la jefa de Estado en Moscú se produce en un “momento de fuertes lazos” entre ambos países.

En ese territorio, según confirmó el propio Gobierno, los mandatarios “revisarán el estado de los acuerdos firmados en ocasión de la visita del presidente Putin así como se prevé la firma de nuevos pactos”.

Sin dudas, uno de los principales objetivos será finalizar las negociaciones para la construcción de una central nuclear en la Argentina, como parte de un trabajo en conjunto entre el gigante estatal ruso Rosatom y Corporación América, la firma del empresario Eduardo Eurnekian, quien también se adjudicó la obra de una represa hidroeléctrica en Neuquén y que contará con financiamiento del Banco de Desarrollo de Rusia.

Además del interés por las inversiones en energía, otro de los objetivos principales que se busca con esta visita presidencial es ampliar el intercambio comercial, especialmente las exportaciones, que desde que tocaran su marca histórica -allá por 2008- han permanecido estancadas y con tendencia a la baja en los últimos años.

“La misión permitirá profundizar el proceso de asociación estratégica entre ambas naciones”, afirmaron desde la cartera que conduce Timerman.

Para ello, la Cancillería organizó una misión comercial que está conformada por más de 50 empresarios argentinos, los cuales, una vez en territorio ruso, aspiran a concretar reuniones de negocios con cerca de 100 firmas locales.

¿Qué se compra y qué se le vende a Rusia?
Tras la crisis de 2001, Rusia pasó a convertirse en un destino creciente para las exportaciones nacionales.

Así, tras generar envíos por apenas u$s151 millones ese año, las empresas nacionales incrementaron su participación en ese mercado y alcanzaron ventas por un récord de casi u$s970 millones en 2008.

Sin embargo, a partir de ese momento, un combo de factores le puso fin al ritmo ascendente que venían experimentando las exportaciones.

El colapso de la economía internacional, la creciente pérdida de competitividad cambiaria que afectó a los productos con sello “Made in Argentina” y la crisis que terminó por hundir a Rusia, impactaron en el ritmo de comercio. De modo que las ventas a ese destino, lejos de crecer, se amesetaron.

El año pasado, de hecho, finalizaron en u$s723 millones, unos u$s3 millones menos que la marca lograda en 2013 y una cifra 25% menor al récord de 2008 (ver cuadro).

Lo más preocupante es que, pese al fuerte acercamiento político entre ambos países y a la multiplicidad de acuerdos firmados el año pasado, esto todavía no se plasmó en un mayor intercambio comercial.

En los dos primeros meses de 2015, las exportaciones al mercado ruso totalizaron apenas u$s67 millones, lo que implicó un desplome del 35% respecto al mismo período del año anterior. Esto demuestra que el colapso de la economía rusa y la falta de competitividad de los productos argentinos tienen una mayor influencia que la afinidad entre mandatarios.

Como contrapartida, en la última década, el agravamiento del déficit energético que padece el país no hizo más que incrementar las importaciones de origen ruso, cuyo principal producto de exportación son, justamente, los derivados del petróleo.

Esto determinó que en 2013 el intercambio comercial haya arrojado un déficit récord de casi u$s1.000 millones, cifra que se achicó hasta los u$s621 millones el año pasado, según datos de la consultora Abeceb.

Pero esta baja no fue consecuencia de un incremento de las ventas a ese destino, sino que se debió al desplome de los precios del crudo, que achicó el valor de la “factura”.

Al analizar los principales productos que se despachan hacia esa plaza, se observa una muy fuerte concentración en alimentos, que dominan más del 95% de la canasta exportadora, con carnes, quesos, frutas y manteca al tope del ranking (ver cuadro).

Como contrapartida, si no fuera por los derivados del petróleo, las importaciones de origen ruso, serían casi inexistentes.

Esto se debe a que casi el 80% de lo que se le compra a Moscú está explicado por el gasoil, en tanto que un 18% son fertilizantes (ver gráfico).

En agosto del año pasado, tras las sanciones económicas, Rusia había prohibido importaciones de alimentos provenientes de la Unión Europea y de un amplio abanico de países, entre los que se encontraban Estados Unidos, Australia, Canadá y Noruega.

En ese entonces, para aprovechar la coyuntura, el Ministerio de Industria organizó una misión comercial con más de un centenar de firmas del rubro alimenticio para viajar a Moscú y hacer negocios.

Sin embargo, la caída de las ventas a ese destino en 2014 y el desplome que se observa en el arranque del año, deja al descubierto que el acercamiento político no está redundando en mayores oportunidades para las compañías locales.

“La realidad es que no es un buen momento para que empresarios viajen a Rusia para intentar hacer negocios”, es el diagnóstico que trazó Marcelo Elizondo quien, en momentos en que era director de la Fundación ExportAr, se encargó de promocionar productos argentinos en todo el mundo.

“Los precios del petróleo, que es el principal recurso que tiene ese país, siguen en valores muy bajos. La crisis política con Occidente luego del conflicto por Ucrania, continúa vigente. Por eso, en el plano comercial, hoy el mercado ruso no es atractivo”, detalló el experto.

En el plano cambiario, el rublo ha mostrado una mayor estabilidad y hasta se ha fortalecido más de un 15% en relación con el dólar desde el arranque del año.

Este es un factor clave porque una moneda rusa débil dificulta las importaciones. Sin embargo, todavía sigue muy lejos del valor que tenía antes de que estallara la crisis en ese país.

A esto se suma que el bloqueo y los bajos precios del petróleo no permiten prever una mejora de esa economía. Por el contrario, desde el Fondo Monetario Internacional prevén que el PBI ruso caerá 3% este año, lo que es sinónimo de bajo nivel de consumo.

Para Elizondo, el interés que muestra Cristina Kirchner por Rusia “no responde tanto a cuestiones comerciales. De hecho, el Gobierno limita las exportaciones de muchos de los productos que la Argentina le vende, como carne o lácteos”.

Según el experto, “actualmente, el principal atractivo de la relación está en sus recursos energéticos y en la posibilidad de captar inversiones para el desarrollo de proyectos en esa misma área”.

La otra razón por la cual la Presidenta eligió a su “amigo” Putin como destino de uno de sus últimos viajes antes de que culmine este ciclo, obedece a cuestiones políticas.

“La estrategia de relacionamiento exterior de la Argentina tiene como uno de sus principales ejes el estar ´en contra de´ más que ´a favor de´. El hecho de que Cristina Kirchner sea la primera jefa de Estado en no pisar Washington desde la vuelta de la democracia es un síntoma muy evidente. Como si esto fuese poco, también está enfrentada con la Unión Europea y con organismos que representan al capitalismo internacional, como el FMI. Justamente, naciones y entidades que tienen mala relación con Moscú”, acotó Elizondo.

Es en este marco en el que también se explica el acercamiento con otras naciones por parte de la administración kirchnerista, como China, Irán, Venezuela o Angola.

Lo cierto es que, según un análisis de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales, ninguno de esos países con los que se intentó profundizar las “relaciones carnales” a través de visitas presidenciales y misiones comerciales, incrementó las compras de productos argentinos.

Por el contrario, luego de que Cancillería o el ex secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, organizaran grandes comitivas de empresarios, las exportaciones hacia destinos como Azerbaiján, Emiratos Árabes, Angola o China, mostraron una performance negativa.

“Con los problemas económicos que tiene Rusia, es difícil que esta gira pueda impulsar las ventas externas”, sostuvo Elizondo.

Pero las culpas no hay que echárselas únicamente al precio del crudo o al debilitamiento del rublo.

La suba de costos a nivel local y el creciente el atraso cambiario, que están arrasando con la competitividad de las economías regionales, son variables clave para entender por qué las giras comerciales de alto nivel, luego no se ven plasmadas en estadísticas más favorables.

Fuente: Iprofesional

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