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El atraso cambiario ya es similar al de la caída del 1 a 1

La renovada fortaleza que muestra la cotización del dólar en el mundo frente al resto de las divisas (lleva ocho meses revalorizándose sin pausa) no hizo más que acelerar la tendencia a la apreciación que ya mostraba el peso. En especial, porque su suerte en la plaza local volvió a quedar atada en los últimos meses a esa moneda por decisión de las autoridades económicas de usar el tipo de cambio como “ancla inflacionaria”.
En esos ocho meses, el peso se devaluó 6,4%, con una inflación oficial que en el mismo período fue de 10%. Pero el dólar (medido por el Dollar Index) subió 17,5% y la inflación en Estados Unidos no llegó a un punto. Por esas diferencias, los economistas ya no dudan: el país va camino de volver a una situación de atraso cambiario sólo comparable con la que, hace 15 años, provocó el final de la convertibilidad.
De hecho, hoy la paridad entre el peso y el dólar está en niveles similares a los de fines de 2001.
“Evidentemente, el anuncio de la finalización del programa de compra de bonos de la Reserva Federal de Estados Unidos y la expectativa de un inicio del ciclo de suba de tasas en algún momento del segundo semestre de este año gatillaron una revaluación del dólar”, agregó Bein. En la consultora Elypsis coinciden. “Nunca antes, desde la salida de la convertibilidad, es decir, en cerca de 13 años, el país había registrado un nivel de tipo de cambio en términos reales tan desventajoso como el actual.”
Sólo el tipo de cambio multilateral (el que surge de medir la competitividad del peso con las monedas de los países según la relevancia del comercio que tengamos con ellos) aún no llegó a ese punto crítico. Aun así, medido de esta forma, también el tipo de cambio es el más bajo de la era K. Después de todo, si se mantiene algo por encima de la otra medición es porque el dólar de hoy es una moneda más barata que en aquel entonces (se estima que, en términos reales, los US$ 100 de hace 15 años equivalen a US$ 145 de hoy), dado que Estados Unidos, para salir de la crisis de las hipotecas, le quitó aditivos (bajó la tasa a 0%) e inundó el mundo de los billetes verdes. Y, en medio de eso, China se consolidó como el gran demandante de materias primas, lo que ayudó a revalorizar algo más las monedas de los productores de commodities frente al dólar.
Pero ese proceso se revirtió, lo que lleva a algunos economistas, como Ramiro Castiñeira, a proclamar el fin del boom de los commodities. “Si bien el colapso del petróleo acapara toda la atención, la realidad es que, de un año a esta parte, cayeron 28% el precio de la soja, 27% el del maíz, 18% en el trigo, 20% el del cobre y 45% el del mineral de hierro.” El analista de Econométrica aclara que ese proceso no se dio sólo por el rebote global del dólar, sino también por “la sobreoferta” de materias primas. Al respecto, un reciente informe del estudio Bein acota: “El aumento que se proyecta en la cosecha [la de soja marcaría un nuevo récord] no alcanza a compensar la pérdida de ingresos por la caída en el precio de la soja”.
Como sea, este juego de pinzas (dólar más caro, commodities sobreofrecidas) hace que la situación se vaya agravando mes tras mes, como queda a la vista en el retroceso de las exportaciones argentinas: desde hace cuatro años caen en cantidad y, desde hace unos meses además, en precio.
Un tipo de cambio apreciado incentiva las compras y los consumos en el exterior y castiga las ventas. El Gobierno no lo ignora: no en vano arrancó 2011 bloqueando informalmente importaciones y después creó las DJAI para tratar de administrarlas. Y avanzó sobre la limitación (cupos para importaciones hormiga por Internet) o el recargo (35%) generalizado (aunque camuflado como un adelanto impositivo que la inflación deglute) a las compras minoristas o consumos en el exterior.
Los economistas que asesoran a los candidatos a suceder a Cristina Kirchner consideran el retraso cambiario la peor herencia del ciclo K, porque les complica las respuestas que puedan ensayar para corregir la inflación y la flagrante distorsión de precios relativos, o disminuir desigualdades, entre otras cosas. Se cuidan de decirlo abiertamente, aunque entre quienes además actúan como consultores la cuestión aparece cada vez más en sus informes.
La economía de EE.UU. generó durante los últimos tres meses de 2014 casi un millón de puestos de trabajo. Son cifras que no se veían desde las buenas épocas anteriores a la crisis global de 2008 y que incluyen a todos los sectores. En consideración de los analistas financieros, la mejora en ese mercado laboral va a condicionar su política monetaria. “No en vano el mercado se anticipó, como ya refleja la tasa de rendimiento de los Bonos del Tesoro, que a 10 años pasó rápidamente en las últimas semanas desde 1,65% a 2% anual, fundamentalmente por la apreciación del dólar y la baja de los precios de las materias primas. Si se agrega el impacto del programa de relajación monetaria que aplica Europa, se entenderá por qué hay inversores vendiendo bonos alemanes a 10 años (que rinden apenas 0,37% anual) para comprar los norteamericanos, lo que agregó presión de apreciación del dólar”, describió Delphos Investment.
Así, la tendencia a la apreciación que ya mostraba el peso agregó un motor más poderoso y fuera del alcance de las autoridades locales. “Brasil, el principal receptor de nuestras exportaciones y mayor socio comercial, terminó 2014 con déficit de balanza comercial luego de 14 años consecutivos de superávits. ¿Qué significa? Que el país que más nos compra ahora tiene sus propios problemas y nos comprará menos. Sólo en la última semana el real se depreció otro 3,74% y ya vale 2,78 por dólar, el mínimo en la última década”, dice Miguel Boggiano, de Carta Financiera, para poner un ejemplo.
“El retraso cambiario, tarde o temprano, deberá revertirse. Con un gobierno que imagina el dólar quieto como arma principal en su intento de contener la inflación, al mejor estilo de la convertibilidad o la tablita de Martínez de Hoz, está claro que lo que viene es un atraso cambiario mayor”, pronostica la consultora Empiria, que traduce ese escenario en economías regionales camino a una quiebra. “El tipo de cambio real multilateral, la referencia más representativa de la competitividad cambiaria, cayó en enero a su menor nivel en la era Kirchner y se ubica apenas 12% por encima del nivel promedio en la convertibilidad”, afirmó Federico Muñoz, que también cree que “el retraso cambiario se seguirá profundizando en los meses venideros”, y por eso advierte que “el daño a los sectores productivos de bienes transables -en particular, las economías regionales- será grave”.

CAYÓ EN ENERO 12,82% LA VENTA DE AUTOS USADOS

  • La venta de autos usados cayó en enero 12,82 por ciento en relación con el mismo mes del año anterior, informó ayer la Cámara del Comercio Automotor.
  • Según un informe de la entidad, se vendieron el mes pasado 144.018 vehículos, lo que supone esa significativa reducción respecto de los registros de hace un año, pero también un repunte de 4,76 por ciento si se lo compara con diciembre. De todos modos, el sector no suele atender esta última comparación porque diciembre es siempre un mes de ventas flojas.
  • Alberto Príncipe, presidente de la cámara, advirtió que la demanda “disminuyó mucho” y agregó que en el deterioro había incidido el desplome de 39 por ciento que tuvieron los 0 km. “La baja en la venta de autos 0 km influyó, y mucho. Generalmente, enero es un mes en que los dos mercados traccionan mucho porque la gente que compra un auto nuevo espera patentarlo en el nuevo año. El sector del usado se nutre del auto que se entrega en parte de pago. Pero esto no ocurrió.”
Fuente: La Nación
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