¿Trabajás o estudiás?: la economía del «¿y venís muy seguido a este boliche?»

En la novela de Fabián Casas Titanes del Coco (editada recientemente por Emecé) hay una escena que va y viene a lo largo de todo el texto: una fiesta de la redacción de un diario grande durante los 90, en la que todos debían descalzarse para subir a fumar a una terraza en reparación. La dinámica de esa reunión, sus tiempos, parecen extraños para las costumbres de hoy: Casas recuerda que por entonces, los periodistas no tenían celular, y por lo tanto había un sinfín de ritos (esperar horas a que llegue alguien, la incertidumbre de no saber si vendría una persona determinada) que luego, con el SMS y los canales de chat, desaparecieron.

Al igual que la dinámica de las fiestas, la «economía de las citas amorosas» también experimentó un cambio drástico en la era digital: la multiplicación de datos en Internet que surgen de aplicaciones al estilo Tinder o Match.com permiten a académicos tener conclusiones más robustas y estadísticamente significativas sobre el comportamiento humano a la hora del cortejo.

«Sitios de encuentros y citas como OK Cupid hacen experimentos constantemente, y también otros portales y redes sociales como Facebook y Google tienen a sus propios data cientistshaciendo experimentos sobre qué nos gusta o no y cómo usamos esos sitios», cuenta el economista Guillermo Cruces, investigador del Cedlas y profesor de la UNLP y de la Udesa. «Creo que aún tenemos mucho que aprender sobre cómo interactuamos y cómo se disemina la información a través de las redes -agrega Cruces-, y veremos muchos más estudios de este tipo en el futuro cercano. Estas plataformas ofrecen grandes ventajas para las nuevas generaciones: los de la generación anterior enfrentábamos barreras logísticas mucho más importantes, como lo podemos atestiguar todos los que hemos hecho la cola de un teléfono público de Entel con un puñado de cospeles en la mano para llamar al chico/chica de interés.»

Pero los tiempos cambian y el estudio más reciente al respecto lo hizo Hinge (una aplicación estilo Tinder, que apunta a un target más alto), donde se testearon 100 maneras de empezar una conversación en un canal de chat, para detectar cuál es más eficiente. «Este estudio es interesante porque muchos de estos sitios se manejan con lógicas de respuesta inmediata (a una foto, o en este caso, a una primera línea de chat)», apunta Cruces. La investigación generó una montaña de información soñada para cualquier estadístico: más de ocho millones de respuestas fueron analizadas.

¿Cuál fue la conclusión? La frase de inicio «matadora» varía según edad y región. Para personas de más de 35 años, en Hinge comprobaron que funcionan las referencias a la cultura pop (alguna película o cantante de interés, tipo: «¿Katy Perry o Taylor Swift?»). En el rango de 29 a 34 se imponen frases más personales (del estilo «Verdad-Consecuencia»), mientras que en los más jóvenes relevados dan buenos resultados las conversaciones iniciales sobre estilo de vida. Dos resultados interesantes: la vagancia no paga (iniciar una charla con un «Hey, ¿qué se cuenta?» tiene baja tasa de retorno emocional, o sexual), y los hombres son mucho más ansiosos que las mujeres con el tiempo de espera que soportan antes de recibir una respuesta.

¿De qué signo sos?

En una de las escenas más recordadas de la película Una mente brillante, el actor Russell Crowe, que personifica al Nobel de Economía John Nash, entra a un bar con tres amigos y evalúa cómo les conviene encarar a un grupo de chicas integrado por una rubia (la que todos quieren) y tres amigas de pelo castaño. La película ganó el aplauso de la crítica y cuatro premios Oscar, pero los economistas detectaron en la escena del bar un error; básicamente, el guión va en contra de lo que el economista descubrió: confunde una propuesta de equilibrio cooperativo (ponerse de acuerdo para seducir a la rubia) con una de equilibrio no-cooperativo (que es el de Nash).

Hay resultados más sofisticados para este tipo de dilemas. «La matemática entra en el tratamiento estadístico de los datos de la psicología experimental, neurociencia, etología, etc., que usamos para entender el chamuyo», cuenta Andrés Rieznik, físico, mago, orador en el último TEDxRioDeLaPlata y quien años atrás se ganó la vida, junto a su hermano, dirigiendo una «academia de seducción».

Rieznik recuerda un desafío con nombre sexista: «El dilema de la secretaria», cuyo mecanismo de optimización es un algoritmo para elegir a un candidato o candidata si se presentan de a uno o de a una y hay que decidir si uno se queda con esa persona o no. La respuesta es larga, pero se puede ver con detalles en el blog de divulgación científica «El gato y la caja», en un artículo titulado «Vos y cuántos más».

El primer economista que estudió el mundo de las citas fue el Nobel Gary Becker, fallecido en 2014, que a principios de los 70 imaginó a la sociedad como un «gigantesco cóctel» con personas racionales buscando una cita con la potencial pareja más deseable, sujeta a la restricción de que acepte salir con ellos.

Hace cinco años, los economistas académicos se entusiasmaron con una nueva modalidad de «matching» de parejas, que permite acumular una enorme cantidad de información estadística. Se trata del speed dating, un sistema de citas rápidas: en un bar, los hombres y las mujeres mantienen breves encuentros cara a cara, de tres o cuatro minutos, hasta que suena una chicharra y cambian de pareja. Al final, en los casos de coincidencia, los responsables del bar pasan los teléfonos.

Esta modalidad -que luego decayó por la popularización de aplicaciones- permitió hacer experimentos por parte de economistas académicos a gran escala estadística. En uno de ellos, los investigadores Michele Belot y Marco Francesconi corroboraron así que las mujeres son más selectivas y se entusiasman con la mitad de parejas que los hombres; los varones privilegian la belleza y las mujeres, la inteligencia y el éxito; los fumadores y no profesionales reciben menos propuestas, etc. En Columbia, Ray Fisman halló que las mujeres tienden a elegir compañía de su misma raza, y los hombres no tanto. Y que es extremadamente raro que un hombre opte por una pareja que lo supera en inteligencia y éxito profesional.

Más recientemente, el físico argentino Carlos Diuk, que estudió Computación en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y hoy trabaja en Facebook como científico de datos, se centró en ver qué sucede antes y después del cambio de «soltero» a «en una relación» en la mayor red social del mundo.

En la etapa previa, el intercambio entre los involucrados crece en forma lenta, pero sostenida, hasta promediar los 1,67 cruces diarios en los 12 días previos al cambio de estado. La variable cae en forma abrupta cuando se pasa a estar «en pareja», lo que refleja el comienzo de un mayor contactooffline (en la vida real).

A pesar de la menor cantidad de intercambios, quienes inician una relación sí aparecen en los primeros días del noviazgo muy activos para cambiar sus perfiles. Diuk detectó que en estas nuevas publicaciones se incluyen más términos relacionados a atributos positivos (como «feliz», «amor» o «genial») y disminuyen los negativos («odio», «malo», «daño», etc.). El período analizado en cada caso fue de 100 días anteriores al inicio de una relación, y los 100 días posteriores a ésta, entre 2010 y 2013. «¡El amor está en el aire! [Love is in the air!] o, mejor dicho, está escrito en tu timeline de Facebook», comenzaba el físico una de sus publicaciones sobre el tema.

Pasaron 20 años solamente desde la fiesta organizada por la sección Economía que describe Casas en Titanes del Coco, pero en cuestiones de cortejo y seducción, la era digital hace que parezca una eternidad.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1839185-trabajas-o-estudias-la-economia-del-y-venis-muy-seguido-a-este-boliche

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